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domingo, 25 de mayo de 2008

Sandro 'el Gitano' o el mito argentino


El Periódico.com.

Sandro el Gitano. ABEL Gilbert
Su nombre real es Roberto Sánchez. Pero él es Sandro, a secas. O Sandro de América. Tres generaciones de argentinas --y no solo ellas-- siguen suspirando por este cantante que, a principios de los 60, tras clonar a Elvis Presley, se convirtió en un objeto de deseo popular y que hoy, a los 62 años, pone a prueba su leyenda.
Sandro nació en 1945 y explotó como fenómeno de masas cuando no había cumplido los 25 años. ¿Recuerdan las reacciones histéricas, los llantos de éxtasis, el apasionamiento de las adolescentes durante la primera beatlemania? Bueno, Sandro el Gitano provocó algo más o menos parecido a una escala regional y de clase. Las chicas de escasos recursos, las empleadas domésticas, las solteras empedernidas, lo erigieron como su propio dios pagano. Con las décadas, algunos bienpensantes comenzaron a elogiarlo. A fin de cuentas, dijeron, no era tan vulgar.
Sandro vendió unos 20 millones de discos. Canciones como Dame fuego, Rosa, Rosa o Tengo inundaron las radios y los corazones. El Gitano protagonizó 16 películas y hasta hizo de James Bond argentino en Operación Rosa-Rosa. Fue el primer latino en cantar en el Madison Square Garden, en abril de 1970. Miles y miles de inmigrantes latinoamericanos en Nueva York acudieron a la cita. El concierto se transmitió vía satélite. Fue todo un acontecimiento.
Su primer grupo se llamó Sandro y los de Fuego. Pero no tuvo suerte con el rock and roll. Sánchez apostó entonces por la canción romántica y abonó el camino de una de las más extrañas idolatrías que se conozcan en esta ciudad. El Gitano no era un cantante romántico. Su manera provocativa de actuar en escena, tan a lo Presley; su voz grave, intimista o arrebatada; ese cachondeo incontinente, al borde del mal gusto, tuvieron una eficacia arrebatadora.
Sus seguidoras, allá por los 70, comenzaron a arrojarle sus bragas al escenario como prenda de adoración. Tres décadas más tarde, las mismas fans seguían repitiendo el rito. Y un Sandro gordo y limitado en sus movimientos las complacía con una cuota de autocompasión e ironía. Si alguien conocía las incomodidades del mito era Sánchez. A tal punto que decidió vivir en los suburbios bonaerenses en una casa amurallada, lejos de los paparazis, y con una mujer mayor que él.
Semanas atrás, la vieja imagen lasciva de Sandro se imprimió en las paredes de Buenos Aires como parte de la campaña publicitaria de las zapatillas Converse, junto con las fotografías de James Dean, Sid Vicious (el líder de Sex Pistols) y figuras del presente como Billie Joe Armstrong, de la banda Green Day.
Días después de que rejuveneciera, se supo que el Sandro real espera un transplante cardiopulmonar debido a un enfisema crónico causado por el tabaco. El cantante dijo que, pese a su popularidad, no acepta privilegios y respetará el turno de su operación. Confesó que no puede cantar, que las cuerdas vocales le fallan. Sus chicas de siempre le dicen a sus nietas que Sandro saldrá victorioso, como en el final de Operación Rosa Rosa. "Prefiero no perderme la vida. Quedar tirado en una cama con un tanque de oxígeno es lo mismo que estar muerto", las consoló el Gitano.

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